Bilbao Triathlon

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Aunque fui fuerte mentalmente los días previos al Bilbao Triathlon, algo dentro de mi sabia que en esta competición podría haber un antes y un después dependiendo de cómo reaccionara el tendón. Una sensación agridulce; de respeto y al mismo tiempo de ganas y de querer que saliera una buena carrera después de muchos meses sin competir en distancia half. 

Había hecho todo lo que podía en cuanto entrenos, horas de bici, alguna transición y también alguna tirada larga de carrera a pie. Aunque hubiese querido mas, la lesión que llevo arrastrando toda la temporada mandaba por encima de los entrenos, eso si, pudimos hacer junto a mi entrenador todo lo planeado.  

Nadando y en bici considero que, para mí, me es relativamente más fácil coger ritmo y/o encontrarme cómoda/bien, pero soy consciente que la carrera a pie es la disciplina que mas me cuesta sentirme ágil. He ido haciendo entrenos buenos, pero aún así me faltan kilómetros y calidad de carrera a pie. 

Me levanté el sábado temprano y con tiempo, el triatlón empezaba a las 12h30 pero no quería ir con prisas. Llegué a boxes tranquila, lo dejé todo en su sitio, me puse el neopreno y empecé a calentar. Escuché a alguien decir que el agua estaba muy fría pero después de estar nadando el mes de septiembre en la piscina Olímpica Silvia Fontana noté que la temperatura era cómoda para mi. 

A pocos minutos del comienzo de la prueba aún no me había colocado en la línea de salida para empezar la carrera y, error mío, con las prisas me puse donde pude, cosa que resultó ser una mala posición que me hizo perder algunas referencias al principio del segmento de natación y me penalizó un poco. Aún así, las sensaciones nadando fueron buenas y poco a poco fui alcanzando algunos nadadores en los últimos metros.  

La bici eran dos vueltas de 36km, desde que salías de boxes ibas subiendo hasta el alto de Vivero, allí cogías una fuerte bajada llegando a la parte llana que te conducía hasta Bilbao. Me sentí con fuerzas y alcancé a Helene pensando que iríamos juntas todo el resto del segmento, pero al final me bajé a la T2 un poco antes que ella. 

Mi principal miedo llegaba aquí, al bajarme de la bici. El pasado mes de mayo tanto en el 70,3 de Marbella y Calella fue después de la T2 donde tuve que abandonar por la lesión. “Esta vez será diferente” me repetía a mi misma, aunque era consciente que en algún momento u otro durante la carrera el pie me podría doler, por suerte solo fue durante algunos minutos y ni me acuerdo cuales eran, tampoco pensé mucho en ello ya que estaba concentrada en correr bien. Fui primera al principio del segmento, pero Helene me alcanzó rápido y a un ritmo muy superior al mío. Durante los primeros 10k las sensaciones eran buenas, pero el segundo 10k bajé el ritmo y noté la falta de volumen corriendo que no he podido hacer durante todo el año. 

Llegué segunda a meta y contenta por la lesión, al terminar me noté el tendón cargado del esfuerzo, pero ni muy hinchado ni con un dolor excesivo y los días siguientes tampoco empeoró.  Eso sí, terminé la prueba con ganas de más, de entrenar, de poder dar lo mejor de mi y de poder estar bien físicamente de aquí adelante. Tengo ganas de que salgan bien las cosas y haré lo posible para ello.

Ahora, y al ver que la lesión va por buen camino, decidimos con mi entrenador estar en la línea de salida del Challenge Peguera, una prueba con mucho nivel y que seguro que la disfrutaremos al máximo. Sabiendo que, la única lucha que se pierde es la que se abandona, seguimos aquí y sin abandonar.   

Muchas gracias a la organización por el trato, por hacer una prueba genial, con bonitos recorridos, una bici dura y la carrera a pie por el lado de la ría y del emblemático Museo Guggenheim, fue genial. Además de todos los gritos y ánimos del público de Bilbao que siempre son muchos. 

Y tampoco me quiero olvidar de mis amigas Núria y Silvia que vinieron a verme y a darme todo su suporte y amor antes, durante y después de la carrera. Fue un placer ir con vosotras y creo que nos lo pasamos genial. Gracias. 

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